Una de las tendencias más evidentes en la acogida e impulso de las TIC es la premisa (o promesa) de que estas contribuyen o pueden contribuir al desarrollo. Esto primero plantea la pregunta de qué es desarrollo. Ya hemos visto como esta noción es criticada por varios (en las discusiones sobre brecha digital) por ser eurocéntrica (u occidental) y demasiado simple. En esta perspectiva clásica, unos países son desarrollados y otros no. Ya existen gradaciones, como la del PNUD, que no hacen una clasificación binaria, sino que van de muy alto desarrollo, a alto desarrollo, a desarrollo medio, etc. Pero sigue dominando la esencia de que hay categorías y rankings. Estos se construyen típicamente con el índice de desarrollo humano que contempla PIB per cápita, expectativa de vida, escolaridad y mortalidad infantil; es decir, economía, salud y educación. Pero el desarrollo es más complejo: por un lado, existen otras posibles formas de medirlo (por ejemplo, centradas en necesidades humanas como en el Desarrollo a Escala Humana de Manfred Max-Neef) y, por otro lado, existen diferencias al interior de los países que dificultan asumir las generalizaciones para definir políticas de uso y apropiación de TICs.
Para Avgerou, los distintos discursos sobre desarrollo y TICs se pueden clasificar en: (1) transferencia y difusión, (2) socialmente embebidos y (3) transformativos. El discurso de transferencia es el clásico juego en que los países en desarrollo intentan alcanzar a los desarrollados y emulan sus políticas. El discurso socialmente embebido se amarra a la tradición socio-técnica en sistemas de información (como con Orlikowski) y se centra en la generación de nuevas estructuras socio-organizacionales con contextos y significados locales. El más ambicioso es el discurso transformativo que busca el mejoramiento de las condiciones de vida a través de TIC como palanca de cambios socio-económicos de gran escala. Este último es el que hoy se puede agrupar bajo la etiqueta de TICs para el desarrollo, o ICT4D, por sus siglas en inglés.
Blog del curso de TICs y Sociedad de la Maestría de Ingeniería de Sistemas y Computación, Universidad Javeriana.
miércoles, 26 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
De la sociedad de información (y su asociada brecha digital) a la sociedad del conocimiento
Continuando con la construcción de conceptos y datos en torno a la sociedad de la información, surge la brecha digital como el problema principal a comabtir, entendida esta como una brecha socio-económica que desequilibra el acceso a y el uso de las TIC. La Unión Internacional de Telecomunicaciones produce un inforeme anual de estadísticas que buscan caracterizar esta brecha en términos de la diferencia entre países y regiones, "Measuring the Information Society".
Más específicamente, el trabajo de Gutierrez y Gamboa (2010) establece algunas diferencias entre Colombia, México y Perú, teniendo en cuenta la población de menores ingresos y sugiriendo un énfasis en la capacitación de adultos mayores y de personas con menor nivel educativo.
Sin embargo, en ambos casos se establece una relación binaria entre los que tienen (motivación, acceso, capacidad o uso) y los que no. Esta simplificación ha sido ampliamente cuestionada, pues no da cuenta de la complejidad real tras este fenómeno. Spangenberg (2005) propone entonces una serie de indicadores que no miden solamente la brecha digital y que superan las limitaciones de la "sociedad de la información" y constituyen un marco para caracetrizar una sociedad del conocimiento que sea realmente sostenible en términos económicos, sociales, ambientales e institucionales.
Más específicamente, el trabajo de Gutierrez y Gamboa (2010) establece algunas diferencias entre Colombia, México y Perú, teniendo en cuenta la población de menores ingresos y sugiriendo un énfasis en la capacitación de adultos mayores y de personas con menor nivel educativo.
Sin embargo, en ambos casos se establece una relación binaria entre los que tienen (motivación, acceso, capacidad o uso) y los que no. Esta simplificación ha sido ampliamente cuestionada, pues no da cuenta de la complejidad real tras este fenómeno. Spangenberg (2005) propone entonces una serie de indicadores que no miden solamente la brecha digital y que superan las limitaciones de la "sociedad de la información" y constituyen un marco para caracetrizar una sociedad del conocimiento que sea realmente sostenible en términos económicos, sociales, ambientales e institucionales.
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